ALERTA JUJUY – El senegalés nacionalizado argentino cerró el 2025 con un uppercut cinematográfico que le rompió la mandíbula a Agustín «Bazooka» Chávez. Con 32 hermanos y una historia de superación que incluye años de venta ambulante, Niang se consolida como el nuevo fenómeno invicto del ring.
El calendario pugilístico de 2025 guardaba su página más impactante para el final. En una noche eléctrica en la Federación Argentina de Box (FAB), Touba Niang protagonizó lo que especialistas ya catalogan como el nocaut del año. El combate, válido por la categoría súperwelter, parecía inclinarse a favor de Agustín «Bazooka» Chávez, quien había derribado al africano en el tercer round y lideraba cómodamente las tarjetas.
Sin embargo, sobre el cierre del cuarto asalto, Niang —que subió al ring con el pelo teñido con los colores de la bandera argentina al estilo «Dibu» Martínez— conectó un uppercut devastador que desplomó a Chávez. Aunque la campana salvó al santiagueño de la cuenta de diez, la gravedad de la lesión fue definitiva: «Me rompió la mandíbula», confesó Chávez a su esquina antes de que tiraran la toalla para evitar el inicio del quinto round.
Más allá de la potencia de sus puños, la historia de vida de Niang es la que hoy recorre el mundo. Nacido en Watef, una aldea rural de Senegal, Touba creció en una familia numerosa de 33 hermanos. Llegó a Argentina en noviembre de 2015, con apenas 15 años, tras una travesía ilegal de tres meses que incluyó cruces fronterizos a pie por varios países sudamericanos. Sin hablar una palabra de español, comenzó vendiendo anteojos de sol con mil pesos prestados en la peatonal Rivadavia de Quilmes. «La calle me enseñó el idioma y me dio la disciplina para el gimnasio», suele repetir el boxeador, quien aún hoy combina sus entrenamientos de alto rendimiento con la venta de indumentaria en el sur del conurbano bonaerense.
Con este triunfo, Niang eleva su récord a 10 victorias consecutivas, 7 de ellas por la vía rápida, manteniendo un invicto que asusta a la categoría. El púgil de 24 años, confeso hincha de Boca, se siente «más argentino que el asado» y ya inició los trámites para representar oficialmente al país en el plano internacional. Mientras su imagen se vuelve viral por la brutalidad de su pegada, Touba mantiene los pies sobre la tierra y sigue recorriendo las calles de Quilmes con su mercadería, demostrando que su lucha más difícil no fue arriba del cuadrilátero, sino el largo camino que lo trajo desde África para convertirse en la nueva esperanza del boxeo nacional.














































