ALERTA JUJUY – Mientras el gobernador Axel Kicillof intenta sostener un relato de gestión, la provincia de Buenos Aires se convierte en un campo de batalla. Por segundo día consecutivo, el Conurbano es escenario de incidentes violentos protagonizados por las distintas facciones que hoy se disputan los restos del botín estatal. Esta vez, el epicentro fue Lanús, donde el Movimiento Evita sitió la municipalidad gestionada por el camporista Julián Álvarez.
Lo que se intenta vender como «reclamos sociales» no es más que una guerra de bandas políticas financiada con los impuestos de los bonaerenses. La interna del PJ ha pasado de los despachos a las calles, exponiendo la fractura total entre el kicillofismo y La Cámpora.
Esta mañana, militantes del Movimiento Evita —agrupación que responde ciegamente a Kicillof— avanzaron sobre la sede municipal de Lanús. Los mismos protagonistas del acto del Gobernador ayer, hoy queman gomas y exigen la presencia del intendente Julián Álvarez.
Desde el municipio denunciaron una «intencionalidad política clara», señalando que los manifestantes están liderados por punteros que responden directamente al jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, y al ministro Andrés “Cuervo” Larroque. La amenaza es explícita: «Si no baja el intendente, va a pasar lo de ayer en Quilmes».
El caos de Lanús es la réplica de lo ocurrido ayer en Quilmes. Allí, grupos identificados con el MTE de Juan Grabois protagonizaron una violenta protesta con detenidos y refriegas. El hecho derivó en un escándalo público cuando la intendenta Mayra Mendoza acusó a Grabois de «fomentar la violencia» y faltarle el respeto.
Este escenario de anarquía se da en un momento de debilidad absoluta para el kirchnerismo:
- Feroz interna por el control del PJ provincial.
- Intendentes rebeldes que buscan despegarse de la conducción de Máximo Kirchner.
- Cristina Fernández de Kirchner convaleciente tras su reciente operación de urgencia.














































