ALERTA JUJUY – El barrio Alto Comedero se convirtió en el escenario de una problemática profundamente arraigada: el tráfico de drogas a pequeña escala. Un reciente informe revela que el ochenta por ciento de los sectores que integran este distrito presentan focos activos de venta y consumo, principalmente de pasta base.
La magnitud del fenómeno es tal que se estima la existencia de más de un centenar de búnkers distribuidos en todo el territorio, consolidando al barrio como un imán para el consumo no solo local, sino de toda la región.
Uno de los factores determinantes en esta expansión es la dinámica económica del mercado ilícito. En Alto Comedero, el valor de las dosis es sensiblemente inferior al de otros puntos de San Salvador de Jujuy, lo que ha generado un fenómeno de flujo constante de consumidores. Personas provenientes de localidades vecinas como Palpalá, Perico, El Carmen e incluso San Pedro se trasladan hasta este sector para abastecerse, atraídas por una oferta abundante y precios competitivos que transforman al barrio en un nodo de referencia para el consumo regional.
Frente a esta estructura delictiva, la respuesta estatal se encuentra en una situación crítica. La Brigada de Narcotráfico de la Unidad Regional 7 enfrenta una marcada escasez de recursos, con una dotación de personal insuficiente y una preocupante falta de movilidad y tecnología de vigilancia.
Esta disparidad de medios facilita que la actividad ilícita prospere con impunidad en zonas de alta vulnerabilidad como las dieciocho, treinta y cuarenta y siete hectáreas, donde los búnkers han evolucionado hacia viviendas reforzadas con sistemas de seguridad diseñados específicamente para el acopio y el fraccionamiento de sustancias.
El dato más alarmante que arroja el relevamiento es la persistente reincidencia en domicilios ya investigados. Muchas de las bocas de expendio actuales son viviendas que ya habían sido allanadas en años anteriores, lo que evidencia una falta de efectividad de las intervenciones judiciales a largo plazo. Se ha detectado que el negocio del narcomenudeo se ha convertido en una actividad generacional, donde incluso personas bajo regímenes de prisión domiciliaria continúan operando el comercio familiar. Esta realidad sugiere que, mientras el narcomenudeo siga siendo la respuesta económica a la vulnerabilidad social y el fracaso escolar, el desafío para la seguridad en el sur de la ciudad seguirá superando la capacidad de respuesta policial.















































