Una reciente publicación de Infobae arroja luz sobre las mentes más perturbadoras en la historia criminal argentina, explorando las características y los escalofriantes casos de asesinos seriales que dejaron una huella de horror y sadismo en el país. El análisis describe a estos criminales como individuos precoces, desalmados, amorales y con una marcada inclinación al sadismo.
La crónica detalla varias figuras que marcaron épocas con sus brutales actos:
Cayetano Grossi (finales del siglo XIX): Considerado uno de los primeros asesinos seriales documentados en Argentina, fue ejecutado en 1900 tras ser hallado culpable de asesinar a sus hijos recién nacidos, producto de violaciones a sus hijastras.
Cayetano Santos Godino, «El Petiso Orejudo» (principios del siglo XX): Desde su niñez, Godino exhibió una cruel fascinación por la muerte, enfocándose en el ensañamiento con criaturas pequeñas. Condenado a reclusión perpetua, falleció en el penal de Ushuaia.
Mateo Banks (1922): Este individuo asesinó a gran parte de su familia en Azul con el objetivo de heredar sus propiedades. Sorprendentemente, fue liberado en 1949.
Carlos Eduardo Robledo Puch, «El Ángel de la Muerte» (década de 1970): Con apenas 20 años, Robledo Puch se convirtió en uno de los asesinos seriales más notorios, responsable de una serie de homicidios, robos y violaciones. Fue sentenciado a cadena perpetua y ostenta el récord de permanencia en prisión en el país.
El repaso histórico también menciona a otros casos perturbadores:
«El loco del martillo» (1963): Un criminal que atacaba a mujeres mientras dormían.
Francisco Laureana (hasta 1975): Un hombre que, tras su muerte en un enfrentamiento con la policía, reveló una faceta oculta como asesino de quince mujeres, un secreto desconocido incluso por su propia familia.
Celso Arrastía (1987-1988): Responsable de violar y asesinar a cinco mujeres en Mar del Plata.
Luis Melogno y Guillermo Álvarez: Otros perpetradores de crímenes sin motivaciones claras de robo, actuando por puro placer.
Estas historias de horror, marcadas por el sadismo y en algunos casos por la impunidad o la liberación, ofrecen una mirada profunda a la faceta más oscura de la criminalidad en Argentina, dejando un legado de conmoción en la memoria colectiva.














































