ALERTA JUJUY – Lo que debía ser una fiesta del fútbol, terminó en un espectáculo de violencia que dejó a todos atónitos. La cancha de Independiente se convirtió en el escenario de una verdadera barbarie, un escándalo que expuso, una vez más, la falta de control y la impunidad con la que actúan ciertos sectores violentos.
El caos estalló de la manera más previsible, con un enfrentamiento entre facciones de la barra brava y la total inacción de las fuerzas de seguridad. La brutalidad de la que fueron testigos miles de familias y niños en las tribunas se viralizó en segundos, mostrando un panorama desolador: el fútbol argentino como un campo de batalla. Los jugadores, directivos y la propia policía parecieron impotentes, o peor aún, indiferentes, ante un salvajismo que no se detiene.
Pero si el escándalo en el estadio fue bochornoso, las repercusiones no se quedaron atrás. El «silencio ensordecedor» de los principales referentes del club, la AFA y las autoridades de seguridad, es tan vergonzoso como los golpes que se vieron en la tribuna. Salvo alguna declaración tibia, nadie asume la responsabilidad. Los discursos de siempre se repiten: «trabajamos por la seguridad», «vamos a sancionar a los violentos». Palabras vacías que suenan a burla cuando la realidad demuestra que la violencia está más viva que nunca.













































