ALERTA JUJUY – Venezuela atraviesa las horas más dramáticas de su historia reciente. Luego de sufrir la tarde del miércoles un devastador «doblete sismico», dos terremotos encadenados de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la fachada caribeña del país, una oleada de réplicas mantuvo en vilo y bajo pánico absoluto a la población durante toda la madrugada de este jueves 25 de junio.
La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) reportó cronológicamente diez réplicas de consideración entre las 00:21 y las 03:48 horas, con magnitudes que oscilaron entre los 2,4 y los 4,5 grados, y focos marcadamente superficiales (de entre 4,8 y 9 kilómetros de profundidad). No obstante, cadenas internacionales como Telesur informaron que, al contabilizar los microseísmos y movimientos de baja intensidad no percibidos por el ojo humano pero sí por los sensores, las réplicas totales superaron el centenar.
El impacto en vidas humanas y daños materiales escala a niveles de catástrofe nacional. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, actualizó el balance oficial durante las primeras horas de la mañana de este jueves, elevando drásticamente la cifra a 164 víctimas fatales y 971 heridos de diversa consideración.
El estado costero de La Guaira se consolida como la zona cero del desastre, registrando «decenas» de edificios multifamiliares e institucionales completamente colapsados, además de escenas de pánico generalizado en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Las tareas de rescate de sobrevivientes y remoción de escombros se ejecutan a contrarreloj en un escenario crítico.
«Nunca en mi vida había visto algo así. Tuvimos que empezar a sacar cascotes con los dedos para intentar escuchar si había gente atrapada bajo los pisos colapsados», relató Maikel Rincón, vecino del sector de Maripérez.
Una noche de vigilia sobre el asfalto

El epicentro de las réplicas de mayor magnitud se localizó a 6 kilómetros al oeste de la localidad costera de Naiguatá (La Guaira), impactando también en los estados Miranda, Aragua y Falcón. La persistencia de los temblores obligó a millones de personas a abandonar definitivamente sus hogares durante la medianoche.
Las calles, plazas, avenidas principales y parques de Caracas se transformaron en gigantescos campamentos improvisados. Miles de familias optaron por pernoctar a la intemperie, sobre mantas en el asfalto o resguardados en el interior de sus vehículos particulares, negándose a regresar a las estructuras edilicias por temor a que los agrietamientos preexistentes cedieran ante un nuevo sismo de gran magnitud.













































